O sea, que salen cuatro cantantes (los de siempre) a montar el pollo en el centro de Madrid y todo el mundo se pone a tener pesadillas sobre policías que nos llevan esposados a chirona por bajarnos un mp3 y sobre compañías telefónicas que nos cortan internet, el teléfono, y ya de paso la luz, el gas y el agua. No, hombre, no, que Loquillo no tiene tanta influencia en el Gobierno, y la tal Sinde es el clásico perro ladrador poco mordedor... Déjenme que les cuente una pesadilla que yo sí tuve hace dos noches (verídico): soñé que había muerto Clint Eastwood, y con él el cine tal y como lo conocemos. Tal cual. Eso sí que es para echarse a temblar.
Porque ahora mismo la mayoría de los de mi generación ya no vamos al cine, porque ya nadie hace películas. No películas con argumento, no películas bien hechas, no. Películas, a secas. Lo que hoy se estrena en cine son videojuegos con un mínimo hilo argumental que sostiene las así llamadas escenas, o telenovelas mejicanas maquilladas de romance vampiro-hombre lobo-chica de instituto. Pero películas, lo que se dice películas, ya no. Eastwood y cuatro más, y paren de contar.
De música mejor ni hablamos, ¿no? ¿Qué grupos son los llenaestadios del momento? A ver, repasando así a bote pronto los últimos que han aterrizado por la Ciudad Condal... U2, Depeche Mode, Police, AC/DC... ¿qué tienen en común? Sí, que todos son unos vejestorios. Porque la buena música se hacía antes, y porque un Coldplay con sonido defectuoso no me sirve ni como flor de verano. Si el problema va a ser la descarga del último CD de Chenoa todos tranquilos, que no hay ídem.
¿Libros? ¿Alguien dijo libros? Ah, ya, eso que publica Dan Brown, con curas persiguiéndose por el Vaticano y la Gioconda descojonándose al fondo a la derecha... Hombre, ahí todavía queda algo de buen material. Hay que buscarlo muy a fondo, pero quedar queda. Los lectores de ebooks somos cuatro gatos, la verdad, y todavía pasarán muchas lunas antes de que la gente decida prescindir de su visitilla mensual a la FNAC para abastecerse del último Larsson o de aquel bestseller de bolsillo que se nos escapó en la Diada de Sant Jordi. Así que ahí, internet pinta bien poco.
Viendo el panorama, por mí pueden chapar los bittorrents cuando quieran. Hombre, me joderá por el tema de las series, pero seguro que volviendo a los orígenes (esos oscuros canales de IRC y aquellos comandos XDCC, y los que sepan de qué hablo es que son unos frikis de cuidado) algo de material que echarnos a la boca tendremos. También se puede tirar de streaming, siempre que no esté penado por ley, o a las muy malas bajarse apoquinando la última temporada de "Lost" o comprarse en DVD "The Wire" entera, que la inversión lo vale. Pero diría que a estas alturas la así llamada "industria cultural" ya ha perdido la batalla. Por la sencilla razón de que a nadie le interesa ya lo que vende. Como los cubos Rubik, que hace treinta años eran un exitazo pero que hoy en día sólo los compran cuatro tarados.
Y porque si la venta de iPods va a depender de un decreto ministerial, les aseguro que viene Steve Jobs con un bote de vaselina y pone a nuestra ministra cultural de cuatro patas y mirando a Cuenca, que entre la Warner y la Microsoft me parece que en estos momentos quien lleva las de ganar es el gigante informático, que no sólo se merendará a la industria del entretenimiento con todas sus compañías aliadas, sino que si se pone tonto el Presidente de la Academia de Hollywood (el que organiza el sarao de los Oscar, eso que tampoco tiene audiencia) le amenaza con crear webisodes, películas amateurs online y sacar cuatro grupos de gratis en MySpace, y del susto se queda sin ingresos los próximos veinte años. En el fondo, como lo de Murdoch contra Google: mucha pose y poco criterio.
Así que vayan ustedes firmando el manifiesto y esgrimiendo sus derechos internautas, vayan. Los que verdaderamente entienden cómo está el negocio no podrían pasar más de estas chorradas, unas batallas que no es que se tengan que ganar o perder. Es que pertenecen a otro siglo directamente. Si les hace ilusión, firmen un manifiesto a favor del Imperio Bizantino, que para el caso es lo mismo.